La inequidad en el sistema escolar es nuestro gran pendiente

Sylvia Schmelkes

La inequidad en el sistema escolar es nuestro gran pendiente

Deserción escolar, trabajo infantil, falta de oferta educativa en las zonas marginadas y falta de equidad en la asignación del presupuesto educativo son algunos de los problemas más urgentes que deben resolverse para fortalecer nuestro sistema educativo, señala la ex presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.


Usted ha declarado que en México hay 3.8 millones de niños y jóvenes que deberían ir a la escuela y están fuera del servicio educativo. ¿A qué lo atribuye?
Lo primero que debemos tener claro es quiénes son los niños que están fuera de la escuela. De esos 3.8 millones, aproximadamente 1.7 millones son niños de tres años de edad que están fuera de la escuela por dos razones, principalmente. Una, que no hay oferta suficiente, sobre todo en los lugares más pobres. El preescolar para niños de tres años se debió universalizar en 2008, lo que representa una deuda del Estado. La segunda razón es que hay reticencia de ciertos padres de familia a enviar a sus hijos tan pequeños a preescolar.

 

Esto en lo que toca a esos 1.7 millones. ¿Cómo se explica el resto?
En el caso de la educación media superior se da un conjunto de problemas que hace que una gran parte de los alumnos que deberían estar en la escuela no lo estén. Primero, y el más importante, es que no todos egresan de la secundaria, pues se registra una gran deserción en ese nivel. En la educación secundaria se pierde alrededor de 13% y en la educación media superior la deserción es como del doble. Entonces la demanda para educación media superior ya se encuentra menguada, y por otro lado ésta todavía no es obligatoria para la sociedad; lo es para el Estado y la idea es que se debe universalizar en el año 2021. En el transcurso de la educación media superior, dos de cada cinco alumnos se retrasa o la mayoría de ellos la abandona.

 

¿Qué hay de la primaria?
Podemos decir que el único nivel educativo en que ya está más o menos generalizada la cobertura es la primaria. De los niños y los jóvenes que no van a la escuela es necesario mencionar a los 300,000 hijos de jornaleros agrícolas migrantes, de los cuales sólo 15 % está matriculado. Hemos crecido en cobertura, pero hemos descuidado la calidad, y eso genera deserción. La deserción impide, además, que haya suficiente demanda para universalizar la educación obligatoria hasta la media superior.

 

Conversemos ahora sobre los niños que sí están en la escuela. Usted ha declarado que más de 60% no entiende lo que les están enseñando. ¿Cuál es el origen de este problema?
Es el 49% que no entiende a profundidad lo que lee. Hay un problema de falta de interés. También hay en México una tradición muy arraigada de formación memorística, de una formación que no desarrolla el espíritu crítico, la capacidad de hacerse preguntas, de indagar, de investigar. Más bien lo que se hace es transmitir una serie de conocimientos y se espera que el alumno los repita. Esto resta mucha motivación para el estudio, y ésta constituye, digamos, 90% del proceso de aprendizaje. Todavía en la mayoría de las aulas sucede un proceso muy rutinario, pero nuestros maestros fueron formados de esta misma manera.

 

¿Qué debemos hacer para superarlo?
Es uno de los problemas nodales del sistema educativo: cómo romper ese círculo. Se ha hablado mucho de formar a los formadores, y para eso una de las cosas que se ha dicho es que en el caso del sistema educativo mexicano tiene que haber una relación mucho más estrecha entre las normales y las universidades. Otra cosa fundamental es apoyar a las escuelas, porque finalmente son éstas donde tienen lugar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

 

¿Qué medidas deben empezar a tomarse hoy, en México, para que en 20 años tengamos un capital humano más preparado y competitivo que el actual?
De hecho, la principal formación del maestro la constituye su primer año de trabajo en la escuela. Por eso es importante contar con un cuerpo de asesores técnico-pedagógicos que tenga la capacidad de dar seguimiento a la escuela, de apoyar al maestro en función de las debilidades que muestre en su propia evaluación docente y a los directores en su proceso de gestión, así como poner en marcha el Servicio de Asistencia Técnica a la Escuela (SATE).

 

¿No era antes así?
Ahora sabemos que cada escuela es distinta porque tiene y está trabajando en un contexto diferente, que debe responder a las necesidades y las aspiraciones de esa comunidad y no sólo al currículum nacional. Entonces cada escuela es diferente y tiene que planear su propio proceso y su propia mejora.

 

Si esto era tan obvio, ¿por qué no se había hecho antes?
Esto es relativamente reciente. No es un tema tan arraigado en el conocimiento educativo. Pertenece a la corriente de la eficacia escolar, la que nos permite entender por qué algunas escuelas logran resultados extraordinarios con alumnos, inclusive, en situaciones de desventaja.

 

Ahora que nos hemos dado cuenta de ello e intentamos llenar el vacío, ¿cuál es el siguiente reto?
Tiene que ver con la equidad en la educación. Creo que es nuestro principal vacío en la materia educativa, porque si la oportunidad de aprender no se distribuye de manera adecuada, estamos perdiendo el mecanismo por excelencia de igualación social. Lo estamos haciendo al revés, o sea, haciendo que la educación reproduzca la desigualdad social que impera en el contexto.

 

¿Por dónde empezamos a combatir la inequidad?
Terminamos en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) un estudio del gasto federal en educación, desde la perspectiva de la equidad, y un aspecto que se constata es que no hay una orientación hacia la equidad en el gasto educativo. Hay una concentración en los sectores medios o en los municipios más ricos y se descuidan las zonas marginadas o los lugares más pobres. Me parece que la deuda fundamental que tenemos con la población nacional es la equidad.

 

Hablemos de las resistencias. ¿Cuáles son los grupos que ofrecen las más tenaces?
Creo que hay intereses que quieren salvaguardar las prerrogativas que han tenido históricamente.

 

¿Entonces es cierto que a los políticos les interesa tener ciudadanos dóciles, y a los empresarios, mano de obra barata, como se difunde en ciertos sectores?
Me parece que los funcionarios están convencidos de que lo que se necesita en el siglo XXI es gente capaz de pensar y de crear. Y por otro lado los empresarios te dicen que necesitan gente creativa, crítica y con valores.

 

¿El sindicato no es un obstáculo?
El sindicato está cambiando. Y eso es muy importante. Yo creo que tiene que asumir la posición de un sindicato moderno que es, evidentemente, la defensa de los intereses de sus agremiados, pero también tener una opinión calificada en materia de educación.

 

Para terminar, maestra, tengo la impresión de que la educación superior es una aspiración para muchos sectores del país. ¿No resulta dañino que así sea? Después de todo, no todo el mundo debe ser sociólogo, ingeniero o contador. Si hiciéramos licenciaturas en plomería, talabartería…
Ya existe algo parecido: las universidades tecnológicas, que dan un título profesional asociado o de técnico superior universitario. Es una ideología que nos dejaron los españoles; hay una sobrevaloración del trabajo intelectual y una demanda de profesionalización tecnológica muy escasa, a pesar de que tenemos muchísimas universidades tecnológicas. Por otra parte, hay que tomar en cuenta que el costo por alumno en una institución universitaria es sumamente alto: cinco veces mayor que el de un estudiante de primaria. México tiene la diferencia más alta de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) entre el costo de la educación de un niño de primaria y uno de educación superior.


Sylvia Schmelkes es socióloga con maestría en investigación educativa en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.

Es investigadora de la educación desde 1970. Sus primeros 24 años de trabajo los realizó en el Centro de Estudios Educativos (CEE). Ha desempeñado diversos cargos institucionales: directora académica del CEE entre 1984 y 1994; profesora-investigadora titular del Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional de 1994 a 2001; asesora del secretario de Educación Pública de 1996 a 2000: presidenta de la Junta de Gobierno del Centro de Investigación e Innovación Educativas (CIIE) de la OCDE de 2002 a 2004; coordinadora general de Educación Intercultural y Bilingüe de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 2001 y 2007, y directora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México hasta abril de 2013.
De mayo de 2013 a abril de 2017 se desempeñó como presidenta del INEE.

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